Palabras de Pedro Pablo Oliva

Intentar explicarse el mundo desde las imágenes que ven nuestros sentidos, no siempre resulta fácil, las lógicas contradicciones entre lo que se ve y se piensa, entre lo que se piensa y se sueña, entre el sueño y la verdad, entre ella y la otra verdad, pone en pie de guerra a cualquier ser humano.
Yamilia intenta, desde su análisis filosófico explicarse el origen y fin de las cosas y para ello toma las piedras como referencia y medio para lograrlo. Desdoblarse y convertir su lengua y su poesía en un encuentro que va desde la metafísica hasta la más racional matemática es su aventura y su fin.
Su mundo que lo conforman encuentros de ángulos inesperados e insospechadas simbologías que se nos abalanza para mirar más allá de un objeto conocido como una silla o un abanico y recrearnos en el enigma permanente de una piedra.
Sus obras unas veces coloreadas, no con un color al azar sino con la racionalidad de su expresión, hacen de las piedras el juego humano del yo y los demás, en un intento de explicarse cada comportamiento humano y de las cosas más insignificantes. Yamilia logra, quizás sin saber, mostrarnos su yo interior, expresado en un marcado y constante erotismo entremezclado con la elección de una piedra o un ángulo o el encuentro agresivo de una piedra fálica que arremete o indaga tiernamente al espectador.
El color oscuro o claro, fuerte o tenue, es un viaje a la indagación de la no menos misteriosa luz, que toma a veces por asalto la obra en el empleo de efectos discretamente reales.
Nada de simple y elemental tiene su corta obra, pero lo importante no es el tiempo (en el cual ella no cree) sino el resultado mismo, no cree en el tiempo pero si en el espacio, franca contradicción que sólo en el mundo de la metáfora tiene su verdad.
Ilusionarnos con lo absurdo, envolvernos, hacernos creer lo que es; pero también lo que no es, en un mundo de sombras colores y piedras es su camino.
Ojalá siga plagado de laberintos.

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Pedro Pablo Oliva
Pintor Cubano