Página personal de JYamilia Pérez. Pintora Cubana
Desde que a inicios del siglo pasado el artista afianzara sus posturas sociales dentro de los marcos funcionales de la creación, los presupuestos estéticos del arte sufrirían una revolución, que hasta hoy no cesa de abogar por la inserción constante y la apertura. Las vanguardias marcaron el camino, incluso desde su pretendida coherencia discursiva. Fueron ellas las que allanaron el paso a partir de posibilidades de experimentación, que facilitarían no solo la heterogeneidad actual sino las propias disertaciones en torno a los procesos artísticos, el arte y su naturaleza.
El artista de hoy, con más libertad que nunca, se apropia de cuanto lenguaje o técnica considere pertinente. A través de la experimentación no persigue más oro que la comunicación, podría decirse que ensayar es el propósito, el espacio de trance, en el que artista y espectador, indistintamente o al unísono, se aprecian, se reconcilian, se asumen, se advierten, se perciben. Una de las corrientes artísticas, que desde las segundas vanguardias del siglo XX se motivó por incentivar en el ser humano las más disímiles sensaciones, reflexiones y estados de ánimo, fue el informalismo; que replantearía algunos postulados estéticos del abstraccionismo y el dadaísmo, a partir del empleo no ya de la exclusiva explosión emotiva del color, sino de la introducción de todo tipo de texturas y materiales extrapictóricos. Y dentro del informalismo, la pintura matérica, desde la propia esencia cambiante de los materiales utilizados, fue una de las tendencias que propició la improvisación, el azar, la reconstrucción infinita, y la libertad en el procesamiento y exposición de experiencias.
Es la obra de Yamilia uno de los mejores ejemplos, en la actualidad plástica pinareña, de la asunción del informalismo como premisa contemporánea para conversar sobre perspectivas y cuestionamientos. Son la piedra, el yute, las hojas y otros elementos naturales los que conforman su obra; son el blanco, el negro, rojo, siena y ocre los que constantemente invocan tierra, río y mar. Pigmentos y texturas que propician atmósferas, estableciendo cierto orden compositivo que lejos de excluir al movimiento, lo contempla incesantemente. Pero sus obras no solo provocan referencias gracias a materiales y matices. Por un lado cada pieza logra crecer fuera de su tridimensionalidad física palpable, creando una especie de enviroment, que nos atrae obligatoriamente a su campo energético; y por otro, la fuerza evocadora de los títulos, que desde la misma serie nos advierte sobre las posibilidades transformadoras, no solo de la materia sino de nuestras posturas y condiciones frente a estados y fenómenos de diversa índole, y desde cada pieza invitándonos a fantasear entre nociones de espacio reales e irreales, juicios pesados como párpados cual verdades milenarias y suposiciones abiertamente improbables o asuntos cotidianos y pasadizos a lo inédito.
No necesita la artista permisos para irrumpir en nuestro consciente o inconsciente día a día. Su voluntad de hacernos partícipe de cierta perspectiva de meditación ha dotado a su obra de la fuerza que engendran la creación, la fecundidad, los ciclos eternos de cualquier existencia y nuestro accionar en sucesos y procesos. Se ofrece interviniendo el espacio público en busca de un intercambio en el que sus obras respiren en consonancia con el entorno natural, poniendo sus piezas a dialogar con los referentes desde la confrontación, favoreciendo el flujo de energía entre elementos y componentes, dentro y fuera de la serie. Latimos junto a cada proyecto; cada pequeño universo, que ha creado y recrea hasta el cansancio, nos absorbe como un agujero negro, como una llama que necesita el concurso de nuestros modestos esfuerzos para combustionar y a la que nos avocamos incondicionalmente, por sabernos parte indisoluble de lo que se forma y transforma tras cada trozo de concepción.
…En nuestros vientres llevamos la majestuosidad de la vida, las posibilidades de mar o tierra, los elementos y leyes que harán brotar la esperma de cualquier figuración, la semilla que ha de sembrarse infinitamente…
Yania Collazo
Lic. Historia del Arte